La Salud, la Felicidad y la Tercera Edad

(Artículo publicado en la Revista Bilbao, dirigida a la tercera edad. Marzo de 2011)

El sufrimiento es un aspecto propio de la existencia humana y por el que debemos transitar siempre que nos encontramos ante situaciones difíciles. Es vital crear respuestas adecuadas al hecho que causa el sufrimiento. Pero a esto debemos sumarle una buena noticia: Con la Felicidad, pasa exactamente lo mismo.

Porque la Felicidad también es un aspecto propio de la condición humana. Y por sus características nos diferencia de los animales, las plantas y las piedras.  Es un estado que sabemos reconocer inmediatamente porque nuestro cuerpo se entera de su presencia antes que nuestra razón. La sentimos antes de pensar en ella. La vivimos antes de racionalizarla. Pasa por nuestro cuerpo dejando un persistente estímulo para levantarnos. Para seguir adelante. Para seguir creyendo. Para ilusionarnos.

Esta Felicidad puede definirse como un estado de bienestar físico, psíquico y social y es a su vez un combustible indispensable para la salud humana. Podemos decir, entonces, que el equilibrio entre lo físico, lo psíquico y lo social se acerca mucho a lo que llamamos comúnmente “LA FELICIDAD”

La Felicidad está vinculada de manera directa a la posibilidad de saber enfrentar con valor y relativa eficacia los obstáculos propios de la condición humano y que nos hacen reflexionar sobre nuestra existencia humana: nuestras enfermedades, nuestros dolores, nuestros sufrimientos, nuestras frustraciones.

Los profesionales de la salud, en el campo que sea; médicos, psicoterapeutas, enfermeros, deben entender cabalmente y tener bien definidos los conceptos básicos enunciados anteriormente. Deben entender que la Salud y la Felicidad tal como la definimos antes recorren muchos tramos juntas. Se van retroalimentando paso a paso. Deben entenderlo porque no existe cuerpo sano en espíritu infeliz y viceversa. Deben entender que tratan con personas que no padecen la vida. La viven. Sobre todo cuando esas personas transitan la llamada tercera edad. Y vivirla significa buscar permanentemente ese equilibrio justo que nos haga sentir contentos, con ganas de hacer, con ganas de enfrentar y enfrentarnos.

Y si sienten que el profesional no está atendiendo sus requerimientos en forma global o que los ve solo como una historia clínica, háganselo saber. No duden en decirle que les pasa. Lo que sienten. Lo que los angustia y lo que los hace felices. Y si no encuentran eco a sus palabras, busquen a alguien que sí se preocupe por comprender. Por ir mas allá de los síntomas y la receta.

Díganle como es que les gusta caminar a la tardecita y que ese disfrute no quieren resignarlo. A lo mejor entiende que el analgésico deberán tomarlo a media mañana o que pueden darse un baño de inmersión al mediodía para sentirse mejor. Díganle que les gusta comer el bife con una rodaja de ají morrón para que les diga la frecuencia con la que pueden hacerlo y las precauciones que deben tomar.

Infórmenlo. Cuéntenle que tomar un vermouth, un café o un vaso de vino con los amigos en el bar de la esquina de siempre, es para Uds. importante y que por esa razón no quieren dejar de hacerlo. Díganle que necesitan que él los ayude a seguir disfrutando desde su lugar profesional. Que les encanta ser la abuela con la que sus nietos juegan en la plaza  y que para eso deben estar lúcidas y sin dolor por lo menos tres días a la semana. Como mínimo. Que les corrija las posturas, que les quite el dolor de cabeza, que les recete anteojos nuevos. Porque Uds. tienen derecho a ser felices. Y los profesionales de la Salud (física y mental) tenemos la obligación de ayudarlos desde nuestro lugar a que eso sea posible.

Vayan a cada consulta con la firme determinación de encontrar respuestas no solo en el plano estrictamente vinculado con la salud física. Pónganse firmes y dejen muy en claro que Uds. saben que no hay salud sin Felicidad. Sin Satisfacción. Y la frustración es una parte constituyente de la Infelicidad. Díganle que van a ahorrar mucho dinero si pueden caminar hasta la plaza, si pueden ayudar a otros, subir las escaleras de la casa de sus hijos o enseñar a andar en bicicleta a los nietos. Que ese es su proyecto de vida ahora. O el que fuere. Estar bien. Aspirar a la felicidad. Sumar día tras día. Aprender cosas nuevas. Disfrutar de las aprendidas.

Que no se quede en prohibirles exponerse al sol. Díganle que van a ir a la pileta o a la playa y que les enseñe lo que tienen que hacer para aprovechar el sol del verano sin insolarse ni ponerse rojos como un camarón. Explíquenle que todavía tienen la ilusión de mezclarse en un picadito a “caminar” la cancha unos minutos con los muchachos y que no quieren sentir que al otro día no pueden levantarse de la cama. Que quieren seguir disfrutando de la bicicleta, jugar al frontón, viajar en tren, subir a la montaña rusa, manejar el auto, hacer un asado y acompañarlo con una picadita.

Seguramente que el primer impuso va a ser explicarles que ya no pueden ni deben hacer esas cosas. NO SE QUEDEN CALLADOS. Agoten las instancias. Oblíguenlo a repensarse. Díganle que sí pueden. Y que además, quieren. Que lo que necesitan es de su ayuda para poder hacerlo. NO para NO hacerlo. Que necesitan que sus consejos incluyan el concepto “Felicidad”. Que para estar encerrados en su casas no necesitan ayuda de nadie. Eso viene solo.

Pónganse derechos en la silla, mírenlos fijamente a los ojos y pregúntenles si saben lo que es la Felicidad. Si saben lo que es la Satisfacción. Sostengan esa mirada y manden el claro mensaje que Uds. tienen un proyecto de vida. Y que ese proyecto necesita de su ayuda para concretarse. Díganle al oculista que quieren los lentes nuevos no solo para leer las recetas y las indicaciones. Explíquenles que todavía quieren disfrutar los colores del día, las lindas mujeres y los señores elegantes. Que quieren disfrutar de lo que ven. Que no quieren lo imposible. Pero que no renuncian a lo POSIBLE. Que están dispuestos a ir hasta el límite.

LO MAS IMPORTANTE DE DECIR TODO ESTO A UN OTRO, ES QUE AL MISMO TIEMPO LO ESTAMOS ESCUCHANDO NOSOTROS MISMOS. REAFIRMÁNDOLO.

Este diálogo con uno mismo es enriquecedor. Alienta el cambio. Nos saca del círculo vicioso Dolor-Queja-Dolor y nos instala en la posibilidad de transformar una parte importante de nuestras vidas para disfrutarla más y mejor. Recordar que hacemos la visita al médico para estar bien. Pero estar bien para algo. Para borrar de la cara ese gesto duro de una cara que no se acuerda de sonreir cuando escucha un chiste en la radio. Para transmitir al cuerpo esas ganas de levantarse cada mañana a intentar hacer lo que queremos. Para, en definitiva, no dejarnos ganar por el desaliento o el cansancio y recargarnos las pilas para seguir viviendo.

Por eso, cuando vayamos al encuentro de un profesional de la salud, dejemos claro que vamos a verlo porque estamos “circunstancialmente” enfermos y que esperamos que él nos ayude a sanar para seguir disfrutando de nosotros mismos y de nuestras circunstancias. Que sea él quien se ocupe de las píldoras, los comprimidos, las gotas, las cremas y los estudios. Que él se ocupe de la Salud, pero con un objetivo. Nosotros; Uds. y yo, seguramente vamos a saber que hacer con ella cuando la recuperemos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s