Convicción vs. Necedad

Me siento tentado de “explicar” las diferencias entre Convicción, Necedad y Capricho, aunque creo que es precisamente un gran disparador ponerse a pensar en ello. Hoy es muy sencillo encontrar referencias válidas en internet. Las definiciones son claras y con poco esfuerzo es posible diferenciar que cosa es cada una de ellas.

Insisto. Para ello hay que ponerse a pensar con algún grado de receptividad. Alguna pizca de autocrítica no viene mal a la hora de asumir el trabajo de poner en juego la elucidación crítica en relación a este tema y a nosotros mismos.

Nuestra personalidad se va formando, entre otras cosas, tomando en cuenta la manera en que aprendemos a resolver los conflictos y la forma en que repetimos esta acción a lo largo de nuestro aprendizaje de vida.

Se nos hace habitual encarar problemas o situaciones similares con la misma propuesta de las primeras veces. Tanto es así que suele automatizarse esta respuesta al punto que poco a poco va perdiendo efectividad. Pero insistimos. Aprendimos una manera y nos mantenemos firmes en ese lugar.

Nos cuesta entender que no existen circunstancias idénticas y que por eso es preciso aprender a “mirar” de nuevo cada circunstancia.

Cuando digo mirar me refiero genéricamente a observar, sentir; razonar como si fuese la primera vez que nos sucede.

El ejemplo que me gusta proponer es el de CAMINAR.

Aprendemos a caminar alrededor de los 18 meses de edad. Y de ahí para adelante lo que hacemos es perfeccionar este nuevo conocimiento a través de la práctica. Llegado un punto, caminamos siempre de la misma manera.

Es así ?

Claro que no. Tenemos un conocimiento básico que se mantiene. Pero las circunstancias hacen que debamos ADAPTARNOS y CAMBIAR.

Esto no quiere decir que cambiemos nuestra forma de caminar. Lo que hacemos es adecuarla a las necesidades de cada momento.

No caminamos igual descalzos que calzados. No caminamos de la misma manera en una cuesta empinada que en el llano ni cuando subimos que cuando bajamos.

No caminamos de la misma manera con piso mojado que con piso seco. Con ojotas o con borceguíes.

Nos adaptamos al piso, a las condiciones climáticas, a nuestra edad, a nuestro estado físico o de salud.

Imaginemos por un momento que nos encaprichamos respecto de esto y no queremos variar un ápice nuestra forma de caminar. O nos ponemos necios.

Insistimos en bajar con ojotas una pendiente pronunciada de la misma manera que corremos a guarecernos de la lluvia o escapamos de una bicicleta que se subió a la vereda y está a punto de impactarnos. Imposible. No nos iría bien.

De la misma manera es que debemos encarar las diferentes circunstancias a lo largo de nuestra vida. Tomando en cuenta lo aprendido, por supuesto, pero sin negarnos a adaptarnos si es necesario.

Imposible sostener una sola posibilidad para ser aplicada a situaciones diferentes.

Si lo hacemos nos va a ir mal. Y vamos a caer en el recurso de responsabilizar a “los otros”  Al afuera.

Sin embargo, hemos sido nosotros mismos quienes por capricho o necedad hemos impulsado la frustración.

La adaptación es claramente un proceso de aprendizaje. Y de liberación. Y no tiene edad. Comienza cuando nosotros nos decidamos a vivir mejor.

La tarea del Counselor en estos casos es acompañar el proceso de cambio y optimizarlo poniendo a disposición del Consultante otras opciones posibles.  Ayudando a “mirar” con otra perspectiva. A pensar con toda libertad sin encorsetarse en hábitos o costumbres. Mostrar otros recorridos inexplorados. Después, el que decide cual tomar, es el Consultante. Como debe ser.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s