El Amor. El desconocido perfecto.

Existe un criterio generalizado, extendido, que nos somete a la ilusión de pensar que cuando hablamos del AMOR, todos hablamos de la misma cosa. Hay grandes responsables para que esto sea así. La literatura primero, la música después, el cine, la televisión y finalmente las redes sociales. Corrección: finalmente, nuestro deseo.

Todos estas plataformas de elaboración y de difusión de contenidos, han colaborado para presentarnos al Amor de una manera que NO es la que luego nos encontramos en la vida cotidiana. Como suele decirse coloquialmente, nos la vendieron cambiada. Y nosotros compramos.

Compramos la idea de un Amor fulminante, de esos de película, que nacen espontáneamente como un deseo o un dolor. Compramos la idea de un Amor ajeno a las circunstancias. Que se sostiene por sí mismo con sus propios sistemas de autodefensa. Compramos la idea del Amor como un sentimiento poderoso que todo lo puede, como si su sola presencia obrara como un sortilegio inexpugnable. Compramos, también, la idea de un Amor que sobrevive larvado durante el tiempo que sea necesario, como una semilla hibernada esperando el momento de poder salir. Compramos la idea del Amor como potencialmente capaz de arremeter contra cualquier obstáculo que le pongan delante. Compramos la idea del Amor como ese sentimiento inmutable a lo largo de nuestra historia personal, que se mantiene sin cambios, sin avatares ni conflictos. Finalmente, compramos la idea del Amor como algo puro, que hay que buscar hasta que nos tropecemos con él, levantando un papelito del suelo al mismo tiempo que un otro hace lo mismo, nuestras miradas se encuentran y al sonreírnos descubrimos que estamos hechos el uno para el otro. Compramos.

A partir de aquí, todos aquellos que no quieran perder la ilusión que despiertan nuestras “compras” deberían abandonar la lectura de este opúsculo y seguir adelante con sus vidas como hasta ahora. Y acá no ha pasado nada. Aquellos, en cambio que quieran aventurarse un poco a desentramar someramente el sentimiento amoroso, quedan invitados a continuar con la lectura.

En principio, debemos consensuar en que el sentimiento Amoroso del que hablamos, se refiere sobre todo al Amor de parejas. Al Amor entre hombre y mujer, entre mujer y mujer y entre hombre y hombre. Es el Amor que ocupa el mayor espacio en los contenidos audiovisuales y al que le han cantado los poetas desde la antigüedad. Sin embargo, bien mirado, lo que viene a continuación vale para cualquier tipo de relación amorosa.

El Amor, como sentimiento, no es fulminante. Lo que es fulminante es la decisión de establecer un vínculo amoroso con alguien. La elección de esa persona. Por su presencia, su voz, el color de sus ojos, su altura o la manera de llevarse el tenedor a la boca.

El Amor no es invulnerable a sus circunstancias. Por lo tanto, si las mismas se modifican, esa modificación impactará en algunos casos decisivamente en la relación. Esto a menudo suele generar dudas, culpas, dolor.

El Amor no es todopoderoso. Muy por el contrario, suele ser frágil y necesitar del concurso de otros componentes, como la consideración, el respeto, la convicción, la seguridad en sí mismo, la subjetividad objetiva, la compasión o el sentido de la proporción, para sostenerse en el tiempo.

El Amor no sobrevive largos períodos de inactividad. No puede guardarse en el freezer ni ponerse en salmuera hasta que las cosas mejoren. El Amor necesita ser VIVIDO todo el tiempo. Se corta como la mayonesa si dejás de batir. Es cierto, como la mayonesa te lo podés comer igual. Pero no es lo mismo.

El Amor no es el mismo a lo largo de SU vida. Va cambiando y adaptándose. El Amor, por ser una construcción, ES a lo largo de una construcción. Veamos un edificio en construcción. Va creciendo. Va complejizándose y sosteniéndose en cada piso anterior terminado. No puede construirse el quinto piso sin el cuarto.

El Amor no es un sentimiento puro. Contiene en su composición parte de nuestras mejores virtudes y de nuestras peores miserias. Eso no le impide ser un Amor. A veces un gran Amor. Sin embargo si no aceptamos la idea que puede contener impurezas, podemos caer en el error de desestimar un genuino sentimiento amoroso al descubrir algún componente que no nos gusta, no nos gratifica. Será entonces el momento de evaluar, no de desestimar a priori.

Son apenas algunas consideraciones básicas acerca de un tema vastísimo y complejo. Sirva el presente libelo a modo de presentación y de posible respuesta a la pregunta, ¿Qué puede hacer un Counselor con Orientación Filosófica, para ayudar y acompañar a parejas e individuos que creen estar sometidos a los pesares del Amor? En principio, esto. Ayudar a conocer. A desprejuiciar. A sumar un punto de vista diferente que ayude a resolver algún conflicto. Despejar el camino de malos entendidos. Y, claro, acompañar al Consultante a recorrer el camino del desarrollo de sus nuevas herramientas de comprensión. Hasta la próxima.

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