Guarda, que viene la Introspección!!!

Muchas frases circulan hoy por hoy a través de las redes sociales y a diferencia de hace cincuenta años, esta manera de trasladarse entre personas hace que una cita de un libro, una revista o un almanaque, pueda ser recogida por miles, cientos de miles o millones de personas en el transcurso de un simple día. Esta velocidad de transmisión unida a la masividad del mensaje, pone en boca de una inmensa cantidad de internautas una información que sin darnos cuenta, asumimos como una verdad absoluta. Un pensamiento único. Entre las miles de “verdades” ineluctables, encontramos algunas que están referidas a situaciones de la vida cotidiana y que suelen aparecer en las redes sociales, enmarcadas con paisajes bucólicos, flores exóticas y coloridas, fotos en sepia de gotas de lluvia pegando sobre una ventana, etc.

A menudo, solo con leerlas ya nos sentimos en un mejor o peor estado anímico. Apenas vemos la gaviota con alas desplegadas contra un cielo azul pletórico de sol, ya respiramos más tranquilos y percibimos los beneficios de tal contemplación. O, por el contrario nos abate la sensación de estar en las antípodas de tal o cual estado de ánimo. Leemos en voz baja las siguientes frases buscando ser mejores personas que antes de ver la gaviota de marras:

  • La gota de agua perfora la roca, no por su fuerza sino por su constancia.
  • Nunca olvides que los grandes logros requieren tiempo y paciencia.
  • A la cima no se llega superando a los demás sino superándose a sí mismo.
  • Perder la esperanza es perderlo todo.
  • El Amor todo lo puede.
  • No aprenderás a amar cuando encuentres a la persona perfecta, sino cuando consigas ver de manera perfecta a alguien imperfecto.
  • Al menos puedo decir que aun habiendo perdido, era mejor amar a jamás haberse atrevido a amar.
  • No necesitaba a alguien que me levantase del suelo, necesitaba a alguien que se tumbara a mi lado hasta que yo me pudiera levantar.
  • No mires hacia atrás si quieres ir adelante.

Y así hasta casi el infinito. Muchas de estas frases han sido repetidas hasta el cansancio. Y han sido en muchos casos el leiv motiv de muchas historias de vida. Es más, muchas personas se expresan a través de ellas e invitan a reflexionar con su auxilio. Uno podría pensar que si tantas personas tienen esta visión del mundo, entonces nos encontramos delante de una muchedumbre de personas felices, sensibles, satisfechas, calmas, valorizadas. Sin embargo, el resultado no suele ser tan directamente proporcional. Es posible encontrar entre dichas personas, dificultades a la hora de poner en práctica lo que las frases anteriormente citadas proponen. Claro, apenas recorremos este camino se nos viene a la mente la frase popular: Dime lo que presumes y te diré lo que careces. Y no es que se trate de presumir solamente. No se trata de mentiras. No es una manera de falsear la realidad. Ni siquiera hay intencionalidad manifiesta en muchos casos. Hay una verdadera necesidad de que las cosas sean como aparecen escritas. Sin mala intención alguna. Sin embargo suele darse con cierta habitualidad que en esa necesidad se olvida un dato sumamente importante para que la ecuación funcione: NUESTRA PARTICIPACIÓN en el proceso. Ningún enunciado de los precedentes se puede dar sin nuestra participación activa en la construcción de las condiciones necesarias para su desarrollo. En otras palabras: Cada persona debe comprometerse con el objeto de su búsqueda. Debe aportar su esfuerzo y su participación para que las cosas sucedan de la manera que aparecen escritas en esas frases aleccionadoras. No alcanza con sentirse de acuerdo con una frase o una idea. No alcanza con emocionarse o sensibilizarse con una idea. Es preciso ponerle el cuerpo. Y para ponerle el cuerpo es necesario repensar esa idea, pero con nosotros dentro de ella. Hacer el esfuerzo de visualizarnos dentro de la frase o la idea. Observar nuestra participación en el proceso de puesta en práctica de esa idea. Es decir, atrevernos a preguntarnos de qué manera contribuimos con esa idea.

Preguntarse eso, a menudo suele llamarse introspección. Para no errarle al vizcachazo, recurro al diccionario de la RAE para abreviar explicaciones:

Introspección: Observación que una persona hace de su propia conciencia o de sus estados de ánimo para reflexionar sobre ellos.

Ahora bien, ¿Qué sentido tiene observar nuestros estados de ánimo o nuestra conciencia o nuestros comportamientos? Claramente podemos asumir como una respuesta adecuada que es útil para alinear lo que “deseamos” con lo que “hacemos” para conseguirlo. Establecer el nivel de congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Atrevernos a comprobar si los que deseamos es lo que verdaderamente deseamos, y si lo que hacemos es lo que hay que hacer para que ese deseo se acerque lo más posible a nuestra realidad. Es decir: Hacernos cargo. Asumir la responsabilidad de nuestros actos y así poder reestructurar nuestros movimientos para acercarnos cada  vez más a lo que queremos, sin que eso signifique auto flagelarse y castigarse con nuevas frustraciones. No es necesario que debamos vivir como un castigo la Introspección. No es preciso que mirarnos hacia dentro sea un camino de dolor. Obviamente que en ese camino pueden aparecer conductas o acciones propias que no nos sean simpáticas y otras que sean francamente no deseadas, pero de eso se trata. Identificar esas conductas para hacer las correcciones necesarias.

Pero…¿A quién le gusta encontrarse con conductas indeseables y que estas sean de nuestra absoluta responsabilidad? A nadie. Muchas personas ponen los pies en polvorosa a la hora de auto evaluarse. Les cuesta. No quieren. No se atreven. No saben. Tienen miedo.

Cualquiera sea el caso, la tarea de un Counselor es la de acompañar ese proceso de Introspección que permita el reemplazo de conductas por otras más eficaces. Acompañar la decisión del Consultante de poner en duda esas conductas y buscar otras más adecuadas y satisfactorias. Acompañar y promover la Introspección para que esta se realice sin tantas interferencias del afuera, por un lado, y del adentro (miedo, vergüenza, dolor, desánimo) por el otro.

Es tarea del Counselor promover el desarrollo personal del Consultante con un firme sentido de aceptación incondicional, sin juzgar ni tratar de convencer al otro, y sí mostrar el amplio abanico de posibilidades que cada uno tiene en su mochila y que a menudo quedan ocultas por diversas razones, pero que están ahí. La Introspección incluye esa búsqueda interior.

Finalmente, es tarea del Counselor, facilitar ese proceso de autoconocimiento y aprendizaje, animando al Consultante a revisar su caja de herramientas, es decir sus enormes potencialidades, para que sus deseos, sus sueños y sus necesidades se parezcan cada día más a su realidad.

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